lunes, 4 de octubre de 2010

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Estoy inflando un globo plateado. Lo veo hincharse con mi aire y ponerse durito. Lo miro sin que eso me conduzca a ninguna reflexión. Está conmigo, eso es lo importante. Salgo al balcón con mi globo y contemplamos la ciudad sin que eso nos haga pensar en algo que tenga que ver con algo. Después, que las cosas tengan coherencia me parece que es lo de menos. Me da hambre y suelto el globo. Lo veo alejarse, baila, parece feliz. Aunque simulo un universo particular, el fondo es siempre universal. Y eso tampoco debe tomarse como una reflexión, porque en realidad, no quiere decir nada. En la heladera encuentro bananas, me como una. Me siento bien, eso es lo importante; me siento entera. Ya no me interesa teorizar ni construir conceptos, ahora inflo globos, como bananas, y a las ausencias las relleno con inutilidades, ni siquiera con inventos o poemas, ahora me muevo en el perímetro de la vulgaridad. Y eso me parece que no está ni bien ni mal.




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