miércoles, 1 de junio de 2011

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Estoy sentada frente a la mesa llena de chizitos. Ya me comí un montón. Los invitados que llegaron antes no dejaron ni un sánguche y yo me tuve que quedar comiendo chizitos, porque no me quedó otra. Me puse el vestido que me tejió la abuela. Azul y rojo. Estoy sentada masticando estos tubos amarillos y me aburro. Los demás están bailando, chapando, fumando. Yo me aburro, soy re emo, nadie se me acerca y me dice: Hola pauli, qué lindo vestido, qué lindo que masticás chizito, estás radiante. Todos la pasan bomba. Yo agarro y me pongo a fabricar hombrecitos con cuerpo de chizitos y brazos y piernas de palito salado. Hago cuatro o cinco y juego con ellos, son mis amigos, le digo a uno: con vos el mundo es una cosa hermosa. Y el chizito me sonríe, misterioso. No necesito vínculos ni afectos, mis hombrecitos de sal me dan todo lo que necesito, son mi amigos, leales y hermosos. Podría levantarme y chapar, o ir a  pegarle a la gorda Leticia que no la puedo ver, o abrir la puerta y directamente irme pero antes taclear al del cumpleaños, pero no, van a pensar que soy una resentida.
Entonces me escondo abajo de la mesa y me encuentro con que ya había otro emo metido ahí, la puta madre, emo, ¿qué estás haciendo acá? El tipo me mira y se larga a llorar, le acaricio la cabeza con dulzura y digo, no pasa nada...entramos los dos. Me hago un lugarcito y el emo no para de mirarme, me mira el vestido, azul y rojo, me mira el escote, el pelo, las piernas. En qué estás pensando, emo? El emo empieza a generar baba y se le cae, no puede sostenerla, decido dejar de verlo y contemplar el paisaje, y a lo lejos descubro algo que brilla, salgo corriendo  a buscarlo y es un peso. Lo recojo, lo acaricio y pienso, hace unos años con un peso hubiera sido millonaria, ahora no me alcanza ni para tomarme el colectivo de vuelta a casa, me faltan diez centavos, qué hacer. Abro la puerta y me voy.
 De pronto todo se quiebra. Un viento frío me trompea la cara, atrás quedaron la juventud y el baile, la musiquita histérica, las posibilidades. Pienso en la opción de haberme quedado adentro, sentada comiendo chizitos, moldeándolos,  en el emo aterrado bajo la mesa, en Leticia moviendo el culo de acá para allá, intentando ser sexy, en el calzón chino que me hubiera gustado hacerle, en la madre de fabri, el cumpleañero. Acá no queda nada. De repente el mundo pasó a ser otra cosa, oscura y fría. Camino hasta mi casa, abro la puerta y ahí, sentados en ronda, desnudos y fieles, están mis chizitos esperando a que vuelva. 


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