jueves, 11 de agosto de 2011

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Tengo pensado tener un caballo. Sacarlo a pasear al sol. Ponerle tito.
Dentro de cinco días cumplo 25 años, no me parece mal, pero no quiero festejarlo. No sé si me convence que mi casa se llene de gente, que me quede siempre el peor chizito, y que la torta termine arañada pero sin comerse. Pero no tengo escapatoria, si estoy en mi casa indefectiblemente van a tocar el timbre, y voy a abrir y seguro que ninguno cae con regalo, porque, hay que decir la verdad, a los cumpleaños todos vamos por los sanguchitos, un poco menos por las masitas finas, y casi nadie por la torta, porque siempre termina arañada, pero sin comerse.
Si en cambio consigo el caballo antes podría irme a galopar por la autopista o hasta santa clara. Voy a pedirle a la virgen que descienda un caballo para mí. Un caballo morocho y manso. Ya puedo verme sobre él como un tiburón en la ola, marchando hacia el horizonte rojo, convencida.
Pero volviendo a la tierra, ahora pienso que lo mejor va a ser dejar a un lado mi próximo cumpleaños, mi próximo caballo y hacer algo con lo que queda del día. ¿Manualidades? ¿Escribir? ¿Ver tele? ¿Dar vueltas por Internet o por la casa? Salir a la calle.
Pelusa, el perro del vecino, está durmiendo en mi porche. Pelusa es una fiera horrible, y le tengo miedo. ¿Lo salto? Pero, ¿y si despierta cuando estoy en el aire y me arranca las piernas? También podría despertarlo y echarlo, pero no me animo, estoy temblando el cuerpo, parezco un flan.
Finalmente lo salto y Pelusa quieto, como una estatua de piedra. Me siento bien, con las manos en los bolsillos bajo por la calle en dirección al centro. Pasan los balnearios, pasan los deportistas, pasan los postes de luz, pasa cristina varias veces sostenida con engrudo, pasan las criaturas del presente, la época entera. Es un paisaje maravilloso, siento ganas de sumergir la cara en todo lo que pasa, para ser parte, meter la cara al fondo y aplaudir. En el bolsillo encuentro monedas, me compro pochoclos y sigo mi rumbo. Ahí está claudio, está mirando zapatillas en la vidriera de rossi rossi, pobre claudio, obsesionado con el calzado.
-Hola claudito, mirando zapas?
No se entera.
¿A dónde ir? A lo lejos suena un tema conocido, dice algo como ésta noche está para un ti-ri-to, para un fi-ni-to. Hace unos días mi madre la cantaba mientras lavaba lechuga, no sé si entendía cuál era el mensaje. Mi madre tiene las manos con venas enormes, se llama Clara pero le dicen Marta.

Lo importante ahora, lo que tengo que hacer, es encontrar compañía. Claudio estaba alienado. Mi madre debe estar cantando temas para no pensar que su hija tiene síndrome de down, es decir, yo. Hago listas mentales de libros que quiero leer. Pero lo importante ahora es apartarme de esta soledad. Entro en un bar, pido cerveza. Pasan los minutos, lentos lentos. Pasan las camareras, feísimas. Pasan los borrachos y los hombres divorciados con sus hijos, hoy les toca la porción paterna. Hace años que no me siento sola en un bar, antes, cuando era preadolescente solía sentarme a tomar jugos y a dibujar en un cuadernito cuando esperaba que mi papá me pasara a buscar. Papá me buscaba los martes, íbamos al mcdonalds de la costa, a veces después al sacoa o a los jueguitos del shoppin y después me dejaba en la casa de mi madre. Cuando papá murió yo todavía lo esperaba tomando juguitos, los martes, en el café frente a la escuela. Después de eso, nunca más fui sola a un bar, hasta hoy. No estoy triste. No me gusta la gente triste. Pero estoy sola. Y a veces creo que voy a estar sola el resto de mi vida. No estoy buscando pareja. Cuando era chica pegaba mucho, a todos mis compañeros. Era realmente hermoso verlos llorar como animalitos, yo les decía que eran débiles de espíritu y corría en círculos contenta de ser poderosa, me besaba los puños que eran mi arma de fuego. En la escuela era así, asesina. Pero llegaba a casa y limpiaba los platos, le mostraba mis muy bien diez a mi mamá, y cuando las madres de mis compañeros muertos llamaban para reclamar, mi mamá no se creía esos cuentos, porque en casa era otra, divina. Yo creo que por todo esto estoy sola. Y además que después, cuando crecí, dejé de ser dos, me unifiqué y fui siempre buena, pero idiota. Ahora tengo que revertir toda esta imagen negativa del pasado. Pasa la camarera y le digo qué preciosa que sos, aunque es horrible. Me sirven un jugo vencido y digo qué extraordinario sabor. Me siento sola y aburrida pero sonrío. Pienso en el último libro que leí, la moraleja que inferí fue que el protagonista no se mataba porque su mujer suicidada tenía entre las manos un papelito que decía: “no lo hagas”, pienso que no se mató por eso, porque todo suicida está buscando alguien que le diga quedáte. Igual que todos queremos que alguien nos ame, que alguien nos necesite, para darle sentido a nuestra vida. Estoy dándome un sermón, qué onda. En fin, la cosa está clara: estoy buscando pareja.
Tomo el fondo del vaso de cerveza, relamo lo bordes, pago y me voy. Otra vez afuera. Por lo menos acá se mueven las cosas y pasa el tiempo. ¿Qué hacer? Me desafío: si vuelvo a la vidriera de rossi rossi y claudio sigue absorto  o masturbándose ante las Nike que nunca pudo comprarse, algo grande va a pasar en mi vida, algo que estoy esperando.
Camino nerviosa, tanteo las baldosas, miro de reojo a los transeúntes, creo que transpiro. Imagino un siglo de oro, un jardín universal con hongos gigantes, flores silvestres de colores desconocidos, lianas firmes donde mecerse y árboles milenarios, todo, nosotros monos. Pero en seguida vuelvo a tener miedo. Avancé una dos, tres cuadras. Paso por blockbuster derruido, ya nadie alquila películas, pienso. Paso por musimundo, ahora es una librería, ya nadie compra discos. En unos años la librería va a ser una casa de ropa, pienso, ya nadie va a comprar libros. No me quejo, pero tengo una sensación de apocalipsis que no sé cómo manejar. Allá está rossi rossi, estiro el cuello, tal vez corro, cruzo san luis frenética, me derriba un taxi, me levanta por el aire, estoy volando, pienso, a lo lejos alcanzo a ver a claudio intacto tocándose frente a las Nike con cámara de aire, creo que llora.

7 comentarios:

  1. es hermoso, se me paró el topi a pleno al leerlo.

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  2. Qué gran relato, qué onda...
    genial, lo de las visualizaciones, genial, todo.

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  3. gracias chicos. gracias especiales para vos charli miel que sos mi tuca inspiradora. y el topi el mejor ojo crítico. besis mua

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  4. Muy bueno!

    genial cuadro acerca de "Lo de siempre: en la calle y en vos. . ."

    Guarda que dos soledades no hacen una compañía!!! aunque alguna compañía hay inventado a soledad pastorutti (a esta altura ya se estarán arrepintiendo)

    Lo esencial es que el talento te acompaña... cada vez más.

    Brindo por eso, pero no con jugo: con birra!!!

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  5. gracias. yo sí creo que dos soledades hacen una compañía, saluditos.

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  6. Muy bueno, la verdad me gustó la fluidez con la que narras!! Muy bueno el relato!

    Saludos!!

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  7. sos genial pauli, no me canso de pensarlo.Besii

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