lunes, 5 de mayo de 2014

Refugio en portugués se dice abrigo


El domingo, salimos a caminar por la sierra. El viento era cálido aunque ya eran las siete. Nos detuvimos varias veces para que mamá identificara los pájaros. Tiene un álbum de figuritas mental donde ubica todas las especies por forma y por color. Si no reconoce alguna, cuando vuelve a  casa, consulta sus libros hasta hacer coincidir la imagen con la realidad. Me enseñó a identificar las calandrias, las tijeretas, los chimangos, las golondrinas y unos más que yo confundí con limones. Nos metimos en un camino irregular que se alejaba de las casas y se acercaba a los campos y baldíos, mamá me defendió de los perros que salieron a corrernos cuando mirábamos los pájaros limón. En un campo de trigo había en el medio una chica y tres hombres la fotografiaban. Cuando volvíamos robamos flores de las casas y yo hice un ramo de vegetación local que después puse en un florero sobre la mesa. Las únicas flores que supe reconocer fueron las lavandas. A la noche soñé que cuando me levantaba el ramo estaba todo podrido, pero después despierta vi otra cosa: estaba intacto, y algo más: las flores blancas de los cactus que mamá esperaba ansiosa estaban abiertas, enormes, como los signos visibles de un porvenir más feliz. El refugio puede ser eso: hacer un ramo de flores, ver el cactus que cuidaste todo el año florecer, defender a tus hijos de las bestias. 

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