martes, 28 de octubre de 2014

Cóndor Estrella


Hay una imagen que me viene en cada distracción.
No voy a ser explícita, es una imagen triste
tal vez la imagen más triste del mundo.
Reconstruyo a la distancia los efectos
de las acciones de los otros
la onda expansiva de todo
el radio que va creciendo, se estira,
 gana terreno.
Como en ese capítulo en que Homero vuelve al pasado
toca algo y después
el presente es una locura.
Cualquier movimiento implica ese eco
una cosa que queda rebotando 

y se lleva puesto el resto.
Muchas palabras deben hablar de esto de formas distintas.
Una sola  alcanzaría y no tendría que escribir
todo esto intentando encontrarla
tal vez un término físico-químico
pero no presté atención nunca
a todo eso. Ayer
 en un programa de juegos en la tele
preguntaron qué era el sol, y en la mesa todos dijeron
que era obvio que era una estrella y yo
me hice la que no pasaba nada.


La televisión es un lugar oscuro,
Lo que pasa ahí adentro destruye todo,

paso los canales y es como hachazos
y cuando sin querer salgo de eso,
me viene esa imagen, la imagen más triste del mundo
las peores noticias se escuchan por teléfono, pienso
y después: esto ya lo saben todos.
Pero es lo único real ahora.
Parece un manifiesto, pero no.

Es que lo esencial, lo más sencillo, a veces se me escapa.
Con internet pasa algo similar
no me permite estar en algunos lugares vitales
como el ocio y la pérdida de tiempo.
Quizás cuando todo sea
100% tecnológico ya no seremos seres divididos.
Yo, no puedo conciliar mi parte de sinceridad
con todo esto que me abruma y brilla demasiado.

Lucía dice que mi cuarto parece el de una loca
que llevo bien el orden y la limpieza de la casa,
pero que mi cuarto no es normal.
A veces está tan asqueroso que no se puede entrar,
 a veces viene alguien a dormir y le digo que cuidado
con todo lo que hay arriba de la cama, porque hay cosas frágiles.
Santiago vino la otra vez y encontró muchas cosas,
entre ellas el candado de la bicicleta,
 los anteojos y el apoya pava.
Si algo se pierde en esta casa, seguro que está en mi cama.
No sé cómo todo está ahí ni cuándo llega.
Es algo que podría averiguar si no estuviera siempre en otra parte.
Internet y la televisión me hacen siempre estar en otra parte
y ahora quiero estar acá, de este lado de las cosas,
sin que me importe qué hacen todos los demás.
Ahora quiero retener la imagen más triste del mundo en mi cabeza
que no me de lo mismo
saber que mi hermano viaja en un Cóndor Estrella
y en la terminal lo esperan mis papás.
El va a saber que algo pasa porque están juntos,
y sólo aparecen juntos cuando algo no está bien
o cuando algo muy bueno está por pasar.
Podemos ser una familia todavía, abrazarnos
en estos casos de vida real.
Todo lo demás, me da vergüenza ahora.
Una vez, mientras estudiábamos, entró por la puerta del patio
un viento fresco
sin olor
bastante frío.
Luisina dijo: mirá,
la vida real. 

No hay comentarios:

Publicar un comentario en la entrada