martes, 28 de octubre de 2014

Frente al espejo, me pruebo las cosas más lindas de la casa:
cómo me queda la bici con canasto
cómo me quedan las nike con cámara de aire
cómo me queda comer una manzana.
Estoy bien, sin preocupaciones,
probándome los objetos de esta casa.
Bailo y me miro para ver cómo me ven
los otros al moverme, no está mal, pienso
y en eso descubro que por la ventana me miran
dos trabajadores de los techos.
Corro y cierro de un solo tirón la persiana.
En la oscuridad, experimento la sensación incómoda de una traición
cierro los ojos y recuerdo un video de youtube:
uno en que había una chica que había prendido velas
sobre una mesa ratona,
después había hecho la vertical contra una puerta en lo que
pretendía ser un baile erótico,
y en eso alguien,  del otro lado, abría la puerta
y la chica cae  sobre las mesa ratona llena de fuego.
Todavía detrás de la persiana, con las manos y la cabeza
apoyadas sobre el marco frío
espío por las hendijas a los intrusos.
Parece que ya se olvidaron, están comiendo algo
y tomando gaseosas.
Si fuera hombre, treparía a los techos
junto a ellos,
haría chistes para romper el hielo,
haría como que sé de lo que se trata todo.

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